Catedral de Nuestra Señora de la Asunción (Santander)

Catedral de Santander

Situada en pleno centro de la preciosa ciudad de Santander, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción es uno de esos templos que sorprende cuando cruzas sus puertas. Una catedral cuyo pasado retumba a día de hoy entre sus muros y que guarda bajo llave la leyenda y memoria eterna de los patrones de la ciudad, San Emeterio y San Celedonio. ¿Te apetece descubrirla?

UN POCO DE HISTORIA

Bajo los actuales muros de la Catedral de Santander, descansan siglos y siglos de historia. Ubicada sobre el que pudo haber sido Portus Victoriae Iuliobrigensium (el Puerto de la Victoria) en la época romana, se levantan los orígenes de la actual catedral. Sobre su cerro descansa la memoria de los actuales patrones de la ciudad, San Emeterio y San Celedonio, cuyos cuerpos fueron decapitados en Calahorra en el Siglo III tras declarar su fé al cristianismo, y sus cabezas llevadas tiempo después hasta la ciudad, según cuenta la leyenda, en una barca de piedra. Fué sobre el monasterio que guardaba sus restos donde el Rey Alfonso II ordenó la construcción de la Abadía de los Cuerpos Santos. Un santuario en el que descansarían para siempre los Santos Martires San Emeterio y San Celedonio, así como el resto de fieles que habían sido enterrados en el monasterio. Construida en el siglo IX, se convertiría en el siglo XII en colegiata por orden del Rey Alfonso VII, llevando a cabo años después, tras la concesión del Fuero de Santander en 1187, las obras para la construcción de la Iglesia del Santisimo Cristo, actual Cripta o Iglesia Baja de la Catedral de Santander. Sobre la citada Iglesia del Santisimo Cristo (que podemos visitar a día de hoy), se comenzó a construir la parte superior de la catedral, conocida como la Iglesia Alta. Fué a comienzos del siglo XIV cuando las obras llegaron a su fin, construyendo acto seguido el claustro gótico que completa el complejo.

A mediados del siglo XVIII, la Colegiata de los Cuerpos Santos pasó a ser declarada Catedral de la mano del Papa Benedicto XIV. Una catedral que sin embargo vería temblar sus cimientos con la terrible explosión del barco Cabo Machichaco el 3 de Noviembre de 1893, así como con el incendio que arrasó la ciudad de Santander el 15 de Febrero de 1941, obligando a una restauración urgente para poder rehabilitarla. Tras algo mas de 10 años de reparación, la catedral fue reinaugurada respetando al máximo la imagen original.

Catedral de Santander

ESTRUCTURA DE LA CATEDRAL

Como ya he comentado, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander está formada por dos iglesias superpuestas de estilo gótico y un claustro. La iglesia baja conocida como “La Cripta” o “Parroquia de Cristo” fue construida entre finales del siglo XII y las primeras décadas del siglo XIII. Su estilo se corresponde con la transición del románico al gótico y es un espacio de 31 metros de largo y 18 de ancho que está organizado en tres naves de cuatro tramos finalizadas por una cabecera de triple ábside poligonal. Robustos pilares cruciformes con dos columnas en cada frente y una en cada codillo hacen la separación de estas naves. Las dobles columnas sujetan los arcos perpiaños y formeros, mientas que las columnas acodilladas hacen lo propio con los nervios de las bóvedas de crucería. La mayor parte de la decoración de los capiteles y claves es de carácter vegetal, aunque las columnas, ménsulas y las claves de las bóvedas muestran animales, cabezas humanas o personajes bíblicos como San Pedro portando una enorme llave.

En la nave del Evangelio, el suelo está acristalado, lo que nos permite observar los restos de las instalaciones termales romanas sobre las que se asienta el edificio, y que fueron descubiertas durante las excavaciones arqueológicas que se llevaron a cabo en los años 1982 y1983. La cámara del horno romano fue el recinto donde se guardaron las cabezas de los mártires San Emeterio y San Celedonio durante la Edad Media. A su vez en torno a ella se construyeron las sucesivas iglesias anteriores a la actual, cuyos vestigios pudieron reconocerse durante las excavaciones.

La iglesia baja de la Catedral de Santander sorprende especialmente por su escasa altura y la robustez de sus pilastras y arcos, los cuales soportan a la iglesia superior. Una iglesia en la que su escasa iluminación transmite cierto halo de misterio. Un rincón que nos hace sentir pequeños.

Catedral de Santander

LA IGLESIA ALTA

La actual Catedral de Santander se corresponde con la iglesia alta del proyecto original. La iglesia alta se levantó entre los siglos XIII y XIV, tras la finalización de la iglesia baja. Se trata de un tipo de construcción basilical de tres naves de distinta altura separadas por pilares fasciculares y arcos apuntados. Las bóvedas son de crucería y es un edificio que carece de triforio por lo que su alzado es sencillo.

La iglesia alta ha sufrido dos ampliaciones. La primera de ellas tuvo lugar en los siglos XVI y XVII mediante la construcción de capillas periféricas, mientras que la segunda y más importante, se llevó a cabo después del devastador incendio que asoló la ciudad en Febrero de 1941. La catedral se abrió de nuevo al culto en 1953 con una capacidad casi duplicada gracias al añadido de crucero, cimborrio, ábside y girola. La decoración se limita a las ménsulas, capiteles, naves y algún friso con réplicas de los temas anteriores calcinados o bien nuevos temas incorporados. Cabe destacar la abundancia decorativa concentrada en las jambas de la puerta de acceso donde se encuentran lo más antiguos escudos reales de castillos y leones de España.

Catedral de Santander

El incendio abrasó todo el interior de la iglesia alta. Como consecuencia la totalidad de los retablos (menos uno) y las imágenes actuales proceden de otras iglesias o son de nueva factura. La primera capilla situada a mano derecha fue construida en 1624 por Fernando Herrera Calderón. La siguiente fue edificada por Juan Alvarado en 1604 y tiene la advocación de la Bien Aparecida. La última nave, dedicada a la Virgen del Carmen, se concluyó en 1622 a cargo de Sebastián de la Puebla.

Junto a la puerta de la sacristía se encuentra una pila marmórea con una inscripción árabe que, según la tradición, fue traída a la iglesia por los marinos cántabros conquistadores de Sevilla. En lo alto y sobre ella podemos observar una tribuna decorada con un fresco del pintor José Cataluña que representa la construcción de la vieja iglesia.

La Capilla Mayor es de nueva construcción y está constituida por los elementos litúrgicos más destacados de la iglesia. El coro procede del Monasterio de San Jerónimo el Real de Madrid, mientras que al retablo barroco se le han añadido imágenes actuales de la Virgen de la Asunción y de los Santos Emeterio y Celedonio. También cabe destacar sendos altares dedicados a Fernando III el fundador, y a San Matías, apóstol a quien hizo voto la villa por su intercesión durante la terrible peste concluida en 1503. En la nave del Norte se encuentra la tumba en honor a Marcelino Menéndez y Pelayo, obra del escultor Victorio Macho.

La siguiente capilla, antiguamente llamado del Rosario, fue concluida por Fernando de la Riva Herrera, en 1628. En ella destacan el espléndido expositor de plata sobredorada y la escultura del Obispo Sánchez de Castro allí enterrado. Por último se hallan dos capillas ocupando el espacio de los antiguos palacios abaciales.

EL CLAUSTRO

Tras finalizar la construcción de la iglesia alta se obró el bonito claustro gótico ocupando el barrio altomedieval llamado “del Ciminterio”, cuyas casas fueron derribadas a comienzos del siglo XIV para proceder a la construcción del mismo. Su edificación se inició por la nave norte y la última en alzarse fue la del sur que hace más de cien años caía sobre el mar. Estas naves se cierran a la parte del jardín por galerías arqueadas y estaban jalonadas de capillas entre las que destacan dos: la de San Pedro y la de Santiago. En la actualidad se conservan en el claustro un buen número de bultos sepulcrales de abades y caballeros (procedentes tanto de las dos iglesias descritas como de otras de la jurisdicción de la ciudad) además de claves y capiteles tallados recuperados durante la reconstrucción.

SITUACIÓN Y HORARIO DE VISITAS

La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Santander, se encuentra ubicada en pleno centro de la capital cántabra, para ser más exactos en la Plaza del Obispo José Eguino y Trecu. Para llegar hasta ella la mejor opción es acercarnos hasta el Paseo de Pereda y seguir en dirección a la calle Calvo Sotelo dejando atrás los Jardines de Pereda. A nuestra izquierda a lo alto aparecerá la preciosa silueta de la Catedral de Santander. En las inmediaciones y muy cerquita de la misma, encontramos diferentes parkings en caso de que nos acerquemos hasta la misma en coche.

La Catedral de Santander abre a diario de 10 a 13 horas y de 16:30 a 19:30 horas.

ALREDEDORES

Muchos son los atractivos que podemos encontrar en las inmediaciones de la Catedral. A un paso, encontramos el bonito edificio del Ayuntamiento de Santander que bien merece acercarse para observarlo. Cerquita de allí, tenemos una cita con la histórica Plaza de Pedro Velarde también conocida como Plaza Porticada. Al otro lado, y frente a los Jardines de Pereda, encontramos otro edificio histórico de la capital cántabra, el edificio de Correos, uno de los pocos que sobrevivió al terrible incendio de 1941 y que merece la pena observar. Junto a los bonitos Jardines de Pereda, el propio Paseo de Pereda merece una visita para disfrutar de las preciosas vistas sobre la Bahía de Santander. Un paseo que nos lleva bajo la suave brisa del Cantábrico hasta Puertochico, donde nos esperan inertes Los Raqueros.

Catedral de Santander

MIS IMPRESIONES

Aunque a simple vista, desde fuera, no parece una catedral tan espectacular como otras, la Catedral de Santander sorprende. Y lo hace a cada paso que das. Su fachada, impoluta, nos muestra la cara más amable de una terrible historia que a día de hoy azota su memoria. Por dentro, cada rincón parece ser todavía más espectacular, formando un equilibrio visual que la hace tremendamente atractiva.

Conocer su historia nos hace sentir un escalofrío por el cuerpo, pero a su vez, admirar el esfuerzo de la gente que supo sobreponerse a las desgracias para mantenerla con vida. Se convierte en todo un lujo poder atravesar los muros que la mantienen a día de hoy en pie y disfrutar de rincones tan impactantes y equidistantes visualmente hablando como su parte baja (donde descansan los restos de San Emeterio y San Celedonio), su parte alta y su precioso claustro.

Una visita que merece mucho la pena realizar, que nos acerca a la historia de la preciosa ciudad de Santander y que se convierte en uno de los grandes atractivos de la capital cántabra.

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