El Mirador del Caballo Blanco (Pamplona)

Mesón del Caballo Blanco (Pamplona)

Situado sobre el Baluarte del Redín, en la zona amurallada de Pamplona, el Mirador del Caballo Blanco es uno de los rincones más pintorescos del casco urbano de la ciudad. Un amplio balcón desde el cual divisamos la zona norte de Pamplona con las vistas sobre el río Arga, el Paseo de Ronda y los barrios de la Chantrea y la Rochapea. ¿Te apetece descubrirlo?

LAS MURALLAS DE PAMPLONA

El Mirador del Caballo Blanco se encuentra ubicado sobre el Baluarte del Redín, siendo el punto central en el recinto amurallado de la capital navarra. El conjunto fortificado de Pamplona fue construido entre los siglos XVI y XVIII y está considerado como uno de los recintos abaluartados mejor conservado de Europa.

Las fortificaciones de Pamplona se agrupan en tres grandes zonas: Fortín de San Bartolomé-Frentes Magdalena-Francia, Frentes Rochapea-Taconera y Ciudadela. Cada zona está compuesta por defensas que comparten, en mayor o menor medida, la época en que fueron construidas y desarrolladas, además del interés turístico que las caracteriza. El Mirador del Caballo Blanco se encuentra en la primera de ellas.

Adyacente a la Catedral de Pamplona, la primera de las zonas es el tramo más extenso y la parte más antigua de la muralla. Los baluartes de Labrit y Redin datan de 1530 y las defensas exteriores fueron levantadas hacia 1750. Su Paseo de Ronda es uno de los paseos más bellos de la ciudad. Dicho paseo es el paso superior que discurre junto a las almenas de las murallas. Su nombre proviene del recorrido que hacían por este paseo los soldados, para vigilar el horizonte y los alrededores, haciendo guardias para proteger la ciudad. Desde este punto, a orillas del río Arga podemos ver el Revellín de los Reyes a los pies de la muralla. Sobre el lienzo de la muralla se alinean las viviendas del burgo medieval de San Cernín en las que destaca su bella composición en tonos pastel. Es uno de esos paseos que uno no debe perderse si visita la capital navarra.

La segunda zona de fortificaciones está englobada dentro del recinto del Parque de la Taconera, bajo mi punto de vista uno de los parques más bellos de la capital navarra. Son los jardines más antiguos de Pamplona y en su origen fueron un campo de extramuros de la ciudad. La construcción de La Ciudadela exigió el trazado de dos nuevos frentes (Taconera y San Nicolás), por lo que las antiguas murallas medievales y la Taconera quedaron englobadas dentro del nuevo recinto. A finales del siglo XVII estaban en pleno uso los baluartes de Gonzaga y la Taconera, el revellín de San Roque y la contraguardia de Gonzaga. En 1830 la Taconera fue transformada en jardines.

La tercera y última zona está comprendida en La Ciudadela, construida en 1571 como sistema defensivo con el fin de hacer frente a las constantes incursiones del ejército francés. La Ciudadela fue construida según los avances en arquitectura militar de la época presentando una estructura de fosos, baluartes, revellines y contraguardias que le hacían resistente a los continuos ataques. Su estructura original tenía forma de pentágono regular con cinco baluartes en los ángulos. En la actualidad sólo se conservan tres de estos baluartes. Los otros dos (el baluarte de San Antón y el de La Victoria) fueron destruidos en 1888 para construir los edificios del Primer Ensanche de la ciudad. Los restos del baluarte de San Antón salieron a la luz con la construcción del Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte y fueron integrados en el diseño del edificio. El ingeniero italiano Giacomo Palearo fue el artífice del sistema defensivo de La Ciudadela, muy similar al existente por aquel entonces en la ciudad belga de Amberes. En el siglo XVIII el recinto se rodeó con un sistema de contraguardias, caminos cubiertos, escarpas y medias lunas. La Ciudadela está considerada como el mejor ejemplo de arquitectura militar del Renacimiento español y uno de los más destacados conjuntos defensivos de Europa.

Mirador del Caballo Blanco (Pamplona)

EL MIRADOR DEL CABALLO BLANCO

El Mirador del Caballo Blanco es sin duda uno de los rincones con más encanto de la ciudad. Está ubicado sobre el Baluarte del Redín, donde antiguamente se levantaba un palacio del que solo se conserva la Cruz del Mentidero. Se trata de una cruz que fue construida en el año 1500 y de la que a día de hoy solo se conserva su mástil. Originariamente estuvo situada en la Calle Mercaderes, aunque en 1842 se llevó al cementerio y posteriormente, en el año 1961, fue trasladada hasta su ubicación actual. La cruz posee un escudo de armas y una inscripción que explica su origen.

El Bastión del Redín estaba considerado como el mejor punto defensivo de la ciudad y el más inaccesible de todo el complejo amurallado. Gracias a su forma de estrella con tres puntas, los cañones podían cubrir todos los ángulos de tiro. En cada extremo de la estrella hay una garita de diseño renacentista, iguales que las de la Ronda Barbanzana.

Durante los siglos XVI y XVII la muralla se reforzó con nuevas construcciones adecuando su sistema defensivo a los nuevos tiempos. De este modo a los pies del bastión se excavaron fosos y se levantaron nuevas fortificaciones como el Baluarte de Guadalupe (rodeando el Baluarte del Redín) y el Revellín de los Reyes, una fortificación triangular cuya misión es dividir a la fuerza atacante y proteger los muros mediante un fuego cruzado.

Otro de los puntos clave de este rincón es el Mesón del Caballo Blanco, un bonito edificio de aspecto medieval que fue construido en la década de 1960 con los restos del palacio medieval de Aguerre, (ubicado en la Calle Nueva), el cual fue derruido en 1958 para la construcción del Hotel Maisonnave. El nombre del mesón proviene de una antiquísima posada que data del año 1377 y que estuvo ubicada en la Calle Mayor. El edificio ocupa el lugar en el que se alzaba el cuerpo del guardia del Redín, cuyos soldados eran los custodios de esta zona amurallada. En 1968, la explanada del Redín en la que se encuentra ubicado el Mesón, tomó el nombre de Rincón del Caballo Blanco. Un mesón-bar que cuenta con una terraza exterior en la que se celebran conciertos a aire libre en verano.

Por su proximidad al Camino de Santiago, que entra a Pamplona por el Portal de Francia y sube por la calle del Carmen, el Rincón del Caballo Blanco es un lugar muy frecuentado por los peregrinos que toman aquí un merecido descanso.

Aunque sin duda uno de los mayores atractivos del Mirador del Caballo Blanco son las magnificas vistas que nos regala hacia la zona norte de Pamplona. Desde este punto se divisa el horizonte en un radio de unos 180º destacando las vistas sobre el río Arga, los barrios la Rochapea, Chantrea y San Jorge, y al fondo el monte San Cristóbal con su fuerte abandonado en la parte más alta. Para llegar hasta el mirador y todo el enclave se puede acceder desde la Plaza de San José, la Calle del Carmen y el Paseo de Ronda, totalmente recomendado este último al ser uno de los paseos más bellos de la ciudad. Es una zona a la que se puede acceder de manera libre, aunque una buena manera de conocerlo mejor es mediante las visitas guiadas que organiza periódicamente el Ayuntamiento de Pamplona. 

Mirador del Caballo Blanco (Pamplona)

MIS IMPRESIONES

Pamplona cuenta con cinco kilómetros de murallas que forman un conjunto fortificado que está considerado como uno de los mejores conservados a nivel europeo, de hecho las fortificaciones de Pamplona fueron galardonadas con el premio internacional Unión Europea de Patrimonio Cultural / premios Europa Nostra en la categoría de Conservación en el año 2012. Merece la pena descubrir las tres zonas de fortificaciones. Además del Rincón del Caballo Blanco son especialmente bellas las zonas de la Taconera y la Ciudadela.

El Mirador del Caballo Blanco es uno de los rincones con más encanto de la ciudad, un bello lugar para un paseo y un deleite visual combinado por las estructuras defensivas que protegieron a la ciudad siglos atrás y las maravillosas vistas que nos regala este balcón. 

El Rincón del Caballo Blanco es el punto central del recinto amurallado, uno de los parajes más pintorescos del casco urbano y una de las visitas que no deja indiferente a nadie. Uno de esos rincones que no debes perderte si te acercas hasta la bella ciudad de Pamplona.

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